CASA PER A PIANO I VIOLÍ

2020-2025

Fotografías / David Zarzoso

Construir tras demoler: una decisión crítica que permite reimaginar la casa tradicional desde el presente. Un espacio que integra memoria, música y vida cotidiana en equilibrio con su entorno.

La decisión de derribar un edificio existente siempre es difícil. Antes de tomar esta decisión se deben valorar con profundidad las circunstancias que pueden mover la balanza a un lado u otro; se deben estudiar las posibilidades del edificio existente, su estado y las necesidades de aquellas personas que deberán ocupar este espacio.

En este caso, la necesidad de desarrollar un programa extenso nos obligó a asumir, quizá, una cierta contradicción. ¿Tiene sentido conservar un edificio que no se adapta a las necesidades de sus futuras usuarias? ¿No puede esto conducir, precisamente, a su abandono y, con ello, a su desaparición?

La decisión de derribar la pequeña casa de 1930 que ocupaba la parcela no solo implicó cuestionar un posicionamiento previo, sino que abrió la posibilidad de explorar cómo la arquitectura contemporánea puede nutrirse de los principios de la arquitectura tradicional. Quizá lo que debemos conservar no es únicamente el objeto construido, sino el conocimiento que lo sustenta: su relación con el territorio, el uso de los recursos, las técnicas transmitidas a lo largo de generaciones.

Así, el germen de este proyecto surge de la voluntad de reinterpretar, desde el presente, una tipología profundamente arraigada al lugar. Más allá de la recuperación de sistemas constructivos como los forjados de revoltones o las cubiertas inclinadas con viguetas de madera, la primera reflexión fue entender la relación entre los espacios de vida y los espacios productivos.

En la vivienda original, como en tantas otras, la pallisa acogía los animales y la andana almacenaba la cosecha. Hoy, esta dualidad encuentra una nueva lectura: las personas que habitarían la vivienda se de dican profesionalmente a la música, y su vida cotidiana integra de manera inseparable la producción, la enseñanza y el ensayo. Esta condición dio lugar a la incorporación de espacios específicos para la práctica musical. En planta baja, junto al acceso, se sitúa un estudio que permite recibir alumnado sin interferir en la intimidad doméstica. En la última planta, el espacio dedicado al piano, construido con forjados de madera para favorecer la calidad acústica, se abre visualmente hacia el patio, manteniendo el vínculo con el corazón de la vivienda.

Formalmente, la vivienda refleja la compleja geometría de una parcela en la que desaparecen los ángulos rectos.

Lejos de imponer un orden rígido, el proyecto asume esta condición y la traslada al programa: la ortogonalidad de los espacios servidos —dormitorios y estancias principales— desplaza la irregularidad hacia los espacios de circulación y, especialmente, hacia el patio central.

El patio, verdadero núcleo de la vivienda, se concibe como una reinterpretación de la calle: un espacio heterogéneo, geométricamente complejo, construido mediante la combinación de materiales crudos y próximos —rasilla, cerámica vidriada, revocos tradicionales— que evocan el entorno y refuerzan su carácter doméstico y colectivo al mismo tiempo.

Esta riqueza geométrica se traslada también a la sección, donde dobles alturas, cubiertas planas e inclinadas, terrazas y balcones configuran una secuencia espacial en torno al patio. En planta baja, el salón, el comedor y la cocina se abren a este espacio central; el balcón de la habitación principal introduce un eco de la calle en el interior; y la terraza de la planta superior, vinculada al estudio musical, contribuye a ajustar la proporción del patio y a favorecer la entrada de luz.

Desde la primera visita en 2020 hasta la finalización de la obra en 2025, la vida de sus habitantes ha evolucionado, y con ella el propio proyecto. Fernando, violinista, y Aida, pianista, han visto cómo su entorno doméstico debía adaptarse además de a sus necesidades profesionales, también a los cambios propios de la vida cotidiana. Lejos de ser un proceso lineal, la casa se ha ido completando, corrigiendo y ajustando en el tiempo, asumiendo que la arquitectura no es un objeto cerrado, sino una realidad viva, en transformación constante.

Actuar en un centro histórico implica, inevitablemente, asumir una responsabilidad. No se trata únicamente de construir una vivienda, sino de intervenir en un tejido cargado de memoria, donde cada decisión tiene un impacto que trasciende lo individual. Frente a la tentación de destacar o imponerse, este proyecto opta por una actitud más silenciosa: la de integrarse, la de ceder protagonismo al conjunto.

La fachada, en este sentido, responde a esa voluntad de pertenencia. Su composición es deliberadamente sencilla, construida a partir de elementos tradicionales y de una geometría que remite a las viviendas del núcleo histórico de Alcàsser. Se prescinde de cualquier ornamento superfluo, entendiendo que la verdadera continuidad con el entorno no se logra mediante la imitación literal, sino a través de la medida, la proporción y la materialidad.

Habitar y producir, recordar y transformar: la vivienda articula estas tensiones en torno a un patio que actúa como corazón doméstico. Una reinterpretación silenciosa del tejido histórico.

Tan solo un elemento introduce una ligera disonancia: un azulejo hidráulico con motivos azules, incorporado como un gesto íntimo que remite al pasado de uno de los promotores. Un detalle mínimo que, sin alterar la lectura del conjunto, establece un vínculo entre la memoria personal y la memoria colectiva.

Así, la casa no busca ser un objeto singular, sino formar parte de un paisaje construido a lo largo del tiempo. Una arquitectura que, más que afirmarse, decide acompañar.

 

Nominada a los Building of the Year Awards de Archdaily 2024
Seleccionada por Archilovers como Best Project 2023

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